Respecto al ámbito de la personalidad, se estimula la iniciativa, el autocontrol, la autodisciplina, el esfuerzo, la reflexión, el pensamiento crítico y la responsabilidad; se mejora la organización y la planificación y se potencia la autoestima y la autonomía.
En una partida de ajedrez los jugadores constantemente están tomando decisiones, sin ninguna ayuda externa, para conseguir una estrategia ganadora y así superar las dificultades que los adversarios plantean durante las partidas. Estas decisiones requieren una reflexión y unos análisis previos para poder encontrar la mejor solución en cada momento y, a la vez, poder prevenir las futuras respuestas del contrincante.
El jugador, a medida que mejora su capacidad de autocontrol y aumenta el esfuerzo y la tenacidad en los procesos de análisis, síntesis, reflexión y valoración de las situaciones, irá consiguiendo mejores resultados. Por lo tanto, el jugador será responsable de sus propias decisiones, porque en el juego del ajedrez el azar no tiene ninguna influencia.
Independientemente de si gana o se pierde, el ajedrecista aumenta la autoestima, ya que va constatando que mejoran sus capacidades intelectuales y el autocontrol emocional. Es decir, no solamente se valora el hecho de ganar o perder, sino también la capacidad de realizar combinaciones artísticas y brillantes la mejora en el nivel de juego. Además, al progresar, ser reconocido y valorado dentro del grupo contribuye a mejorar la autoestima del que juega.
Las personas que aprenden a escoger la mejor solución delante de un problema serán más autónomas y responsables.
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